Adán Vallecillo (nace en 1977, en Danli, El Paraíso, Honduras, y vive y trabaja en Tegucigalpa, Honduras)

¿Cómo transferir de manera convincente los procesos sociales, políticos, económicos y ecológicos a una visualidad autónoma y certera? El empeño artístico de Adán Vallecillo podría explicarse más o menos así, ya que ha logrado retratar la civilización contemporánea mediante las formas estéticas más diversas.

El científico inquisitivo

Ello exige un verdadero amor por la experimentación, una curiosidad insaciable y la capacidad de hacer valoraciones críticas y diferenciadas para llegar a una opinión equilibrada. Esto a su vez presupone una visión intelectual y humanista del mundo; una actitud pragmática, a la vez permeada por un pensamiento científico, filosófico y artístico. A los artistas que hoy están dotados de estas cualidades por suerte no les importa si su esfera de actividad está en Tegucigalpa o en Nueva York. Lo crucial es desarrollar su «propia» visión y encontrar un camino viable con suficiente promesa de aventuras y emociones por descubrir. 

“Asepsiófono”, 2005, Daros Latinamerica Collection, Zürich

Adán Vallecillo explora sus temas a fondo, de manera casi científica. Con una apropiación profunda y condensada de temas actuales, esculpe con esmero los elementos que son importantes para su proceso artístico y luego los sintetiza estéticamente en obras de arte. Desde los inicios de su carrera, Adán operó bajo la premisa de generar conceptos formulados con precisión. Claro ejemplo de ello es su obra «Asepsiófono» (2005). Hoy, esta metáfora aguda, mordaz e irónica en torno a nuestra sociedad mediática en su estado aséptico y completamente desprovista de sentido, se presenta como un comentario anticipado sobre el «distanciamiento social». 

El alquimista transformador

Adán Vallecillo literalmente convirtió la mierda en arte cuando usó excrementos humanos como pintura en 2013 para la Bienal de Curitiba en Brasil. Visualizó la caca humana de manera ejemplar al estetizarla a tal punto que no es posible rastrear su verdadero origen. Igual sutileza se manifiesta en las obras para las que transformó filtros industriales usados ​​y muy contaminados en objetos de formas perfectas, hermosas y gráciles, que parecen estar comprometidos de lleno con la estética del modernismo geométrico.

“Habitante III”, 2018, Filtros de auto reciclados y ensamblados

En los últimos años, Adán Vallecillo se ha volcado cada vez más al trabajo de campo, explorando fascinantes aspectos culturales y socioeconómicos de nuestra cultura globalizada. En su «Earthworks» de 2015, investigó aspectos de la geofagia tal y como se encuentran en Haití, entre otros lugares. Avanzó hacia una nueva dimensión del land art transponiendo los habituales bonbons terres haitianos al mundo del arte. La tierra se come allí no solo por falta de alimentos, sino también por creencias curativas de arraigo popular: ¡arcilla medicinal como diario refrigerio antiparasitario!

África, 2015, Galletas de tierra

El esteta

Con Adán Vallecillo, la percepción y la mirada comprensiva se convierten en compromisos activos, tanto para el propio artista como para el espectador de sus obras. El artista no rehuye plantear temas desagradables de nuestra civilización; sin embargo, los estetiza con los medios del arte, reubicándolos así en el ámbito de lo que suponemos bello. Como espectadores, nos vemos obligados a traspasar los límites de lo familiar y a reclamar, con nuestros sentidos e intelecto, territorios aún no trazados.

Adán Vallecillo intenta profundizar en el conocimiento y la comprensión de los procesos civilizatorios actuales, y con su oferta artística quizás nos ayude a entender nuestro entorno y a nosotros mismos un poco mejor. Una oferta generosa, en todo caso, que demuestra que la filosofía y el arte son capaces de contribuir al desarrollo de nuestra sociedad.

adanvallecillo.com

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