Antonio Dias (Campina Grande 1944 – Río de Janeiro 2018)

Toda su vida, Antonio Dias fue impredecible en su expresión artística; listo para sorprender y desafiar a fondo las expectativas habituales. Lleno de un humor subversivo y abismal, lanzó sus creaciones al mundo del arte, donde a menudo enfrentaron incomprensión y produjeron escándalos. Sus obras multicapas y plurivalentes desafían una interpretación concluyente; nunca se dejó acorralar por su creación artística, que, con su carácter lúdico, también lidia con nuestra absurda y fútil condición humana. Su postura permanece serena y elegante; cada potencial enunciado implica, a la vez, su opuesto. En este sentido, su arte tiene poco en común con los mensajes unidimensionales de sus colegas estadounidenses. 

Familiarización gradual 

Conocí a Antonio a mediados de la década de 1990 en Alemania, cuando él tenía todavía una casa en Colonia. Me tomó un tiempo antes de reconocer el alcance de su actividad artística, debido en parte a su notoria reserva cuando de sus propias obras se trataba. Nunca se le habría ocurrido explicar y mucho menos elogiarse a sí mismo ni a sus obras. Por ello, para mí representó un largo proceso llegar a conocer y comprender el contenido de su extensa producción, que, encima nunca había sido publicada en su totalidad. 

Elegante sutileza 

La ilustración del arte/uno & tres/bastidores, 1971, Madera lacada y letras, ca. 110 x 700 x 1,9 cm, Fotografía: Dominique Uldry, Bern, Cortesía: Daros Latinamerica Collection, Zürich

Antonio nunca se inmiscuyó en los trámites de adquisición o selección de las exposiciones. Más bien concedía una libertad absoluta y sólo de vez en cuando sonreía a su manera inconfundible y tan suya; eso era todo. Años más tarde, ofrecería escasos comentarios ex posteriori. Era la encarnación de la sutileza. Cosmopolita de una profunda elegancia, nunca te lo restregaba en la cara. Rara vez revelaba algo. A menudo parecía distante, como una esfinge, observando, a la distancia, el colorido ajetreo del circo del arte. Sin embargo, en su interior sacaba conclusiones de los acontecimientos que le rodeaban. Durante todos esos años, no sólo se convirtió en un querido amigo, sino también en un constante, sincero, ultradiscreto, atento, correcto y desinteresado asesor de la escena en Río de Janeiro y Brasil, y de paso promovió con gran escrúpulo a otros colegas. 

La seriedad juguetona – el juego serio

Antonio Dias produjo todas sus obras de forma impecable y laboriosa, sin jamás perder detalle alguno. Era, por supuesto, un niño de su tiempo, de los cómics, del arte pop, del minimalismo y del arte conceptual, pero nunca se ciñó a las tendencias imperantes; estaba muy por encima de eso. Se valió de la figuración y de la abstracción para lograr una expresión más fluida. No se comprometió con uno u otro estilo, sino que jugaba con ellos, sacándolos de su propio arsenal de recursos artísticos, como sin duda lo hizo su ingenioso colega, el artista Francis Picabia, con quien compartía la elegancia sutil y la ironía. 

Do it Yourself: Freedom Territory, 1968/2002, Titanio, ca. 400 x 600 cm, Fotografía: Dominique Uldry, Bern, Cortesía: Daros Latinamerica Collection, Zürich

Artista y hombre profundamente político y humanista, a Antonio le preocupaba igualmente el valor estético de su arte. Integraba su actitud política en sus obras de manera implícita o explícita, según las exigencias del momento. Sin embargo, para mí, sus obras más “bellas” son las que desafían lo concluyente, planteando preguntas en lugar de respuestas; las que enfrentan el absurdo y la paradoja de la vida con un escepticismo existencialista y agnóstico y, a la vez, con una audacia alegre y vital. Antonio rechazó de plano las “verdades” establecidas y dio rienda suelta a lo equívoco, lo incierto, lo desconocido, lo indefinido… Estados que tienden a concebir nuestra vida, mucho más que la supuesta razón. 

Frescura política y poética

La obra de Antonio Dias supera la perspectiva de “talla única”. Sin ser hermética, es siempre sensual y la identifica el amor a la experimentación. Con técnicas y materiales muy diversos, elude cualquier categoría. Llena de guiños y poder subversivo, la obra de Antonio logra mantenerse en un equilibrio de ambigüedad. Partiendo de un ámbito concretamente sociopolítico y a la vez subconscientemente poético, sus obras despliegan un inmenso poder lírico que enriquece el compromiso con ellas y sus numerosos niveles de significado y referencias. Incrustadas en el arte de su generación, las piezas de Antonio van mucho más allá de registrar el espíritu de la época. Evidencian una asombrosa frescura y actualidad, que no deja de sorprendernos una y otra vez.

The Wall Painter, 1970, Acrílico y letraset sobre lienzo, 130 x 162 x 3,3 cm, Fotografía: Vicente de Mello, Cortesía: Daros Latinamerica Collection, Zürich
  1. Lo recuerdo con enorme cariño y admiración, tu descripción de él es muy acertada.
    Muy generoso, estuvo en mi primera exposición (1993-94) en Río en la vieja galería de Thomas Cohn. Sentí su apoyo y complicidad. Vicky lo quería muchísimo también.
    Abrazos

  2. Las obras de Antonio Dias tienden al hermetismo. Con palabras, formas, líneas, señales mínimas que aparecen en dos o tres dimensiones, quieren conservar un secreto. Pero esto no significa que son obras que encierran algo fundamental y profundo que vale la pena des-cubrir, que exigen lentitud. El secreto de sus obras puede ser banal y aburrido, complejo y absurdo, obvio y ridículo. No son obras espectaculares que irradian luz al espectador fascinado que las contempla e interpreta. En cambio, sus obras son secretos que resisten al sujeto arrogante e indiscreto que quiere imponer un significado y solo uno, al espectador que no tolera la incertidumbre.

  3. Supimos de el y de su obra hace casi 20 anos gracias a la Coleccion Daros de Zurich que difundio el arte contemporaneo latinoamericano.

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