Belkis Ayón (1967-1999)

Poco después de asumir mi cargo en la Colección Daros Latinamerica, mi querido amigo y colega Eugenio Valdés me mostró la producción de la artista cubana Belkis Ayón, quien recién había fallecido. Al instante reconocí su importancia histórica para el arte y la calidad superior de sus obras, por lo que me puse en contacto inmediato con Katia Ayón, la hermana y albacea de su patrimonio.

Belkis Ayón y la princesa Sikán

Sikán, 1991, Colografía sobre papel, 197,7 x 139,8 cm, Daros Latinamerica Collection, Zürich, Fotografía: Peter Schälchli

Fue solo gracias al enérgico apoyo de Katia Ayón que pude conseguir algunas de las obras más importantes de Belkis Ayón para la colección. Una plaga de hongos en sus grabados –las llamadas “colografías”– presentó un obstáculo que tuvimos que superar en primera instancia. Ello implicó un tratamiento prolongado y sostenido, así como varios procedimientos de restauración.

Desde mi primer encuentro con las obras de Belkis Ayón, me conmovió la profunda armonía que emana de sus cuadros, con su solemne serenidad y su aparente sencillez. Bajo el predominio del blanco y del negro junto a numerosos matices de gris, parecen venir de otro mundo. Poseen un encanto arcaico; como deidades encarnadas de narraciones míticas que provienen de una época muy anterior a la nuestra.

La iconografía de sus imágenes se basa en la fraternidad Abakuá, una sociedad secreta, masculina y afrocubana establecida en el siglo XIX con fines de ayuda mutua. Los orígenes de Abakuá –que aún existe (sólo) en Cuba– se encuentran en Ngbé y Ekpé, sociedades relacionadas con el leopardo como símbolo de masculinidad y fundadas hace siglos por los grupos étnicos Efik, Efor y Ekoi, que vivían en lo que hoy es Camerún y Nigeria.

A la artista le fascinaba la historia de la mítica princesa Sikán, quien una vez capturó un pez encantado que impartía poderes mágicos a los que escuchaban su voz. Su padre le ordenó que se callara y que no volviera a hablar nunca más del pez. Sin embargo, Sikán le reveló el secreto a su amante, Mokongo, príncipe de una tribu vecina. Por ello fue castigada con la pena de muerte. La inexistencia de bocas en todas las figuras de Belkis Ayón simboliza el silencio impuesto a la princesa.

Para citar una fuente más autorizada, me remito a lo que el cubano Orlando Hernández escribió en nuestro último catálogo; el de la exposición titulada Cuba. Ficción y fantasía(Casa Daros, Río de Janeiro, 2015):

Orlando Hernández sobre Belkis Ayón

Mokongo, 1991, Colografía sobre papel, 198,3 x 138,3 cm, Daros Latinamerica Collection, Zürich, Fotografía: Peter Schälchli

 “Artísticamente, Belkis se convirtió en Sikán. Compartió con ella su hallazgo milagroso, la expropiación de su poder y sufrió con ella su papel de víctima, pero intentó con su obra comentar, impugnar y modificar su trágico destino. Su auto-sacrificio el 11 de septiembre de 1999 puede verse como un episodio imprevisto del antiguo mito…

Sikán encarna a la propia Belkis, quien sentada majestuosamente en su trono, sostiene en sus manos casi con dejadez el gran Secreto; un secreto que, como demuestra su expresión, entre asombrada y entristecida, constituye más bien un motivo de decepción, de contrariedad y no de alegría. ¿Acaso no fue precisamente la posesión del secreto lo que ocasionó la muerte de Sikán?

A pesar de la apariencia contenida, relativamente serena, delicada que posee toda su obra, y de la personalidad amable, afectuosa de la artista, Belkis Ayón fue una creadora recia, desafiante, provocadora, capaz de oponerse radicalmente a los convencionalismos y de enfrentar valientemente cualquier reto. Se apropió de un tema difícil, quizás escabroso, que había sido tocado muy escasamente dentro del arte cubano, casi siempre de manera superficial, decorativa y por artistas exclusivamente varones, que no profundizaron ni problematizaron sus contenidos. …

Nos gustaría pensar que comprendemos las obras de Belkis, aunque probablemente estemos todavía muy lejos de hacerlo. Creo que cualesquiera que hayan sido las motivaciones (estéticas, etnográficas, religiosas, feministas, de exploración filosófica o existencial) Belkis Ayón hizo lo único y verdaderamente importante que puede hacer un verdadero creador para acreditar su condición de artista: crear obras de arte. Y lo hizo de manera incesante, con absoluta entrega, con veneración, con modestia, hasta que logró alcanzar resultados de altísima calidad. De manera que su legado tiene garantizados su permanencia y su eterno retorno en la memoria artística de Cuba y del mundo. Para algunos, alcanzar esa meta parecer ser más que suficiente. Aunque todavía nos duela que haya escogido un camino tan vertiginoso hacía la inmortalidad”.

  1. Até hoje sinto falta da Casa Daros; não me conformo em tê-la perdido! Acho que não cheguei a ver os trabalhos de Belkis. Que pena que ela partiu tão jovem!
    Como curiosidade : Belkiss era o nome da bíblica rainha de Sabá, quiçá uma mulher à frente de seu tempo.

  2. Lembro que fiquei muito impressionado quando visitei a sala com trabalhos da Belkis na casa daros. É um trabalho muito próprio, não lembro de nada parecido. Chamou minha atenção o fato de que apesar de serem trabalhos de grande formato, as obras mantinham uma atmosfera de intimidade. Intimidade e força. Acho que normalmente encontro com maior frequência esta qualidade intimista em obras de pequeno formato. Muitas vezes, em grandes formatos, tenho a sensação de que prevalece a imponência. Não no caso da Belkis. Em suas obras permanece o silêncio o mistério e a intimidade.

  3. Me encanto el relato y me encanto la artista. Me parecen fascinantes sus colografias. No cabe duda que el arte es mágico.

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