Brasil: ordem e progresso?

Mi primer viaje como curador de la futura Colección Daros Latinamerica me llevó a Brasil recién estrenado el nuevo milenio. Aterricé en Río de Janeiro en la mañana del 3 de enero y aún guardo vivo el recuerdo del momento en que vi Copacabana por primera vez en mi vida. Me cegaba el resplandor desde mi ventana en el antiguo Hotel Meridien, mientras me esforzaba por entender dónde estaba. Luego, en la calle, me impelía un erotismo omnipresente; lo que ahora me cegaba era la atmósfera sensual, fecunda, tropical —literalmente CALIENTE— y las innumerables miradas permisivas que buscaban la mía dondequiera que fuera.

¿Crisol promiscuo? No lo creo 

A pesar de su ostensible promiscuidad, en el fondo los brasileños son bastante mojigatos. A las mujeres topless en la playa las detiene la policía. Tan pronto se cubren los pezones —y digo solo los pezones— todo vuelve a la normalidad.

De hecho, pasaron algunos años antes de que cayera en cuenta de que la imagen brasileña —tanto por los estereotipos impuestos desde afuera como por las proyecciones copiadas con gran deleite desde dentro— no tiene nada que ver con la realidad. Por más que la famosa estatua de Cristo en lo alto de Corcovado extienda sus brazos, ¡nunca te abrazará!

Brasil no es del tejido homogéneo que quiere transmitir el brasileño promedio: el de un colectivo unido y pacífico en cuya gran nación las diversas clases, etnias e individuos encuentran cabida.

Tan solo a Río y São Paulo las separan inmensas diferencias.

Río de Janeiro versus São Paulo

En los albores del siglo XIX, Río de Janeiro fue la capital del reino de Portugal y Brasil durante algunos años, y luego del Brasil republicano hasta 1960, cuando la capital se trasladó a la recién fundada Brasília. Hasta el día de hoy, los residentes de Río de Janeiro —los cariocas(término que significa “cabaña del hombre blanco” en tupí-guaraní)— reclaman la gloria de un reino desaparecido. Vacilan entre la arrogancia y cierto complejo de inferioridad por haberlo perdido. Todavía es común hacer la venia en Río de Janeiro. ¿Por qué tomar el camino recto cuando el sinuoso es mucho más prometedor? Esta actitud coincide con una incesante deferencia a las autoridades, legado profundo de costumbres decimonónicas y que no contribuye a hacer la vida más fácil.

Mientras que el ambiente en Río de Janeiro puede atraer a los paulistanos por un fin de semana, São Paulo es ellugar. Es aquí donde ocurren los negocios, donde se gana el dinero, donde el profesionalismo es más evidente. En comparación, Río es muy provinciano. Y su concurrente carencia de instituciones de arte fue justo la razón para establecer Casa Daros allí: quisimos estimular el microclima artístico y cultural ¡en Río de Janeiro!

Las otras regiones

Luego tenemos el estado de Rio Grande do Sul, habitado en su mayoría por gente blanca. La cultura aquí tiende hacia la pampa, y a lo uruguayo y argentino. El centro económico de Brasil radica en la región de Curitiba. El corazón espiritual, por el contrario, se encuentra en el Nordeste y sus ciudades de fuerte influencia africana, como Salvador, Recife, Fortaleza, São Luis y Belém al extremo inferior del delta del Amazonas. El estado de Minas Gerais y su capital, Belo Horizonte, también son dignos de mención. Por último —pero no por ello menos importante— tenemos a Brasília, la capital que siempre estuvo y aún sigue en medio de la nada: una utopía fascinante, democrática y urbanista, que no tiene parangón alguno.

Arte y clase

Entrar al mundo de las artes visuales en Brasil pronto te lleva a su clase alta. Ahí están los llamados coleccionistas de arte; mecenas a quienes les gusta presentarse ataviados con sus plumas de arte. Las fiestas son magníficas, superlativas, de dimensiones prodigiosas —como todo en este país— y de una elegancia inasible, como su bossa nova con caipirinha en mano: muy hip todo. Fotografías políticamente correctas y sociocríticas de Claudia Andujar cuelgan sobre el obligatorio paisaje de los sofás, así como algún dibujo de Baselitz —comprado en la Galerie Ropac durante la última visita al Festival de Salzburgo— para transmitir un supuesto internacionalismo que de otra manera estaría más o menos ausente. La costumbre brasileña de llenar las paredes de arte ha beneficiado a la comunidad artística local a un nivel nada insustancial.

Pero todo este glamoura duras penas puede ocultar que Brasil sigue siendo una sociedad clasista y racista. Contadísimos no blancos llegan a la cima. La ficción igualitaria se repite como un mantra sin haberse convertido jamás en realidad. Y el concepto de la “brasilianidad” ha resultado ser tan frágil como el “sueño americano”. Tunga, artista ya fallecido, una vez me confió en una conversación íntima que no son las clases bajas, sino las clases altas y dominantes, a las que les urge recibir programas educativos.

  1. Yo he estado cuatro veces en Brasil. La primera vez como turista, conocí Sao Paulo, Rio y Bahia, lo acostumbrado como turista.
    La siguiente vez fui como acompañante de Miguel Angel Rios que exhibía en Sao Paulo con la Galeria Andres Milan y conocí a Lenora de Barros y Fabiana su hermana que estaba ahi en ese momento. La gente fue muy amable y Sao Paulo me gusto mucho, me pareció una gran ciudad, parecida en tamaño a Mexico, con los mismos contrastes de opulencia y pobreza. Pero la flora era tropical y me encanto que los arboles con su frondosidad exuberante, rompieran el pavimento de sus calles. La gente me hacia sentir amabilidad y calma.
    Fuimos a Rio una de las ciudades mas bellas del mundo y conocimos a Tunga, quien nos invito a su casa que me pareció fascinante. En Rio las casas tienen la selva de pared como parte de su casa, los monos pasando de un árbol a la ventana y el mar a la vista en una ciudad con una de las bahías mas bellas y una arquitectura de los 50′ respetada en la mayoría a la orilla de la bahía.
    La tercera vez fui invitada por el Museo Daros-Latinoamerica, especialmente por Eugenio Valdez para hacer un video con Lenora de Barros para el programa del Museo. Fue un momento mágico filmar con Lenora en el Real Gabinete Portugués de Lectura. Goce al máximo esa semana en Rio, con su gente linda y la intensidad del trabajo a flor de piel. Conocí a otros artistas y a la gente toda del museo que era afable y parecía tan calma. Brasil lleva un ritmo diferente a Latinoamerica es como si siempre la gente llevara la samba en su alma.
    No se mas de Brasil, sin embargo también visitar sus museos o mirar lo que los coleccionistas exhiben en sus casa, me pareció no reconocer a Brasil. era un arte muy europeo que no se asemejaba a lo que veía en la playa, en las calles o en la gente.
    La cuarta vez fuimos Miguel y yo A Rio pues nos invitado Oi Futuro hacer una muestra individual compartiendo el museo Miguel Angel Rios y yo. Fue lindo convivir con gente tan eficiente y preparada que hizo que la muestra fuera muy emocionante por lo meso para nosotros.
    En fin Hans, estoy aprendiendo mucho de tu narrativa, y veo que idealice a Brasil y que después de todo es tan Latinoamericano como el resto.

  2. Para quem chega da Suíça a análise do Rio é muito perspicaz. Não estou muito de acordo que o carioca nunca fecha os braços. Isto acontece na Espanha onde ainda pensam que são os conquistadores.
    Minas é o lugar mais chato do mundo e a sociedade mineira super de dereita é duro de aguentar!

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