«Cantos cuentos colombianos», Zúrich 2004 – 2005

Ya que nos habíamos comprometido a mostrar sólo obras pertenecientes a la Colección Daros Latinamerica, nuestro programa de exposiciones en Zúrich se basaba por fuerza en la etapa evolutiva de la colección. Todo el arte de América Latina era por lo general ultradesconocido para nuestro público; sin embargo, quise ofrecer la mayor variedad posible dentro de este enorme campo, sorprendiendo a nuestros visitantes una y otra vez con nuevas y frescas presentaciones.

El mundo artístico de Colombia se transformó

En este contexto, Colombia era un candidato por excelencia: hasta ese momento había sido un punto blanco en el mapa mundial del arte contemporáneo global. En 2004, cuando la colección se había expandido a casi ochenta artistas y ya estábamos buscando un espacio de exposición permanente en América Latina, presentamos «Cantos cuentos colombianos» a los residentes de Zúrich y al público internacional.

Instalando obras de José Alejandro Restrepo y de Fernando Arias

Después de haber superado mis temores, viajando a Colombia por primera vez en 2000 para comenzar mi trabajo de investigación artística (lee también mi publicación número 21, sobre Colombia), presentamos «Cantos cuentos colombianos» en nuestras salas de exposición en Zúrich en 2004, junto con un simposio sobre la situación social y política en Colombia. Fue la primera exposición integral de arte contemporáneo colombiano que tuvo lugar en Europa.

Fue así como el mundo del arte aprendió que Colombia podía presumir de otros artistas aparte de Fernando Botero, quien no estaba representado en la exposición, y de Doris Salcedo, a quien ya se le conocía en el ámbito internacional. Esta exposición ofreció la oportunidad de que una «nueva» generación de artistas se presentara; una generación que todavía ni en su propio país era evaluada ni apreciada como merecía serlo. Junto con tres colombianos que viven en el extranjero (Fernando Arias, María Fernanda Cardoso y Oswaldo Macià), la exposición incluyó a otros siete artistas colombianos: Juan Manuel Echavarría, Óscar Muñoz, Nadín Ospina, José Alejandro Restrepo, Miguel Ángel Rojas, Doris Salcedo y Rosemberg Sandoval.

Nadie puede negar que esta exposición en Zúrich cambió el panorama artístico de Colombia para siempre. Los colombianos por fin se dieron cuenta de que el arte no se limita a la pintura y a la escultura clásica; la fotografía y la instalación multimedios también fueron surgiendo en el mercado interno. Requirió un impulso desde afuera —como suele ser el caso— gracias una mirada externa, por así decirlo; solo que esta vez no provino del MoMA en Nueva York, sino de la Colección Daros Latinamerica en Zúrich.

Hans-Michael Herzog y Fernando Arias, Zürich, 2004

¿Por qué Colombia?

Para darte una idea de nuestro estado mental en ese momento, reproduzco aquí extractos de la introducción al catálogo de «Cantos cuentos colombianos»:

“Por qué presentar precisamente a artistas colombianos en una amplia exposición? En nuestras latitudes, el arte contemporáneo colombiano es prácticamente desconocido. Las noticias que nos llegan desde Colombia por regla general son negativas. A excepción de Juan Pablo Montoya, Shakira, Gabriel García Márquez y Fernando Botero, si es que se los asocia con su país de origen, la lista de eminentes personalidades colombianas suele agotarse muy pronto. Se desconocen las numerosas universidades y otras entidades educativas, o el ejemplar programa bibliotecario bogotano, encabezado por la Biblioteca Luis Ángel Arango, con sus tres millones y medio de visitantes anuales. Aquí no se sabe que en Colombia no sólo crecen flores, sino que también florecen las artes. Y cómo saberlo, cuando en general se prescinde de una estancia en Colombia por temor a sufrir agresiones contra la integridad física. Así, este extraordinario país sigue siendo un espacio en blanco en el mapa, con ocasionales tintes de sangre debido a las noticias sobre la guerra civil y las drogas.

Desde hace mas de cincuenta años, reinan la guerra y la violencia en el país. Bajo tales circunstancias se ha forjado una profunda conciencia social que, a partir de la voluntad de sobrevivir, no pierde de vista lo esencial, como sí ocurre en otras partes. Se trata no sólo de sobrellevar la latente y continua amenaza, sino de contrarrestarla con algo que merece ser vivido.  Ello puede explicar por qué en Colombia se produce una discusión tan intensa y apasionada sobre el arte y la cultura.

Es difícil ser artista en un país marginado en términos geopolíticos, en un ambiente institucional pedregoso, con un mercado del arte bastante rudimentario y con pocos coleccionistas profesionales que, además, se encuentran a menudo con un pie en Estados Unidos. “Cantos cuentos colombianos” es una exposición nacional, que a la vez presenta un eje temático. Estando los artistas expuestos a condiciones de vida tan extremas, es plausible que aborden la situación política y social de su país. No hemos buscado ese compromiso político en el arte contemporáneo colombiano. Simplemente lo identificamos como factor dominante; por ende, lo hemos integrado en la colección y en la exposición.”

¿De qué lado estás?

Además de los artistas, también invitamos a los autores del catálogo colombiano al simposio que inauguró la segunda parte de la exposición, en enero de 2005: Fernán E. González, Plinio Apuleyo Mendoza, Alfredo Molano y William Ospina. Tuve que afinar todas mis habilidades diplomáticas para actuar como intermediario entre los contrincantes políticos, a quienes había invitado justo por eso. Alguno se negó a sentarse en la misma mesa con el supuesto proguerrillero y «terrorista» de izquierda. En el curso de las conversaciones, el terrorista de izquierda resultó ser un ultraconservador intransigente, mientras que el aparente caballero conservador no solo resultó ser quien mejor podía expresarse y explicarse, sino que también poseía la magnanimidad para mostrar su gratitud por las inspiradoras y sagaces discusiones. Al final, el artista Rosemberg Sandoval reveló que los participantes de extrema izquierda y extrema derecha alguna vez fueron mejores amigos… Debates como estos corrieron la cortina sobre el desolado estado de las cosas en Colombia y sobre la cabezona terquedad de algunos de los intelectuales más destacados del país.

Oswaldo Macià, Zürich, 2004

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