Conocer a los artistas

 

Sobrecogedora, profunda y asombrosa ha sido toda la generosidad, el ingenio comunicador y la educación de artistas y otros exponentes del mundo artístico en Latinoamérica. Mi itinerario estaba lejos de ser una tarea tediosa, ¡era pura diversión! Redescubrí la capacidad que tiene el arte de proporcionar placer. En años anteriores en Europa y Norteamérica con demasiada frecuencia mis discusiones con artistas derivaban en pura trivialidad, centrándose en meras estrategias de mercadeo, tema que les parecía de lo más interesante.

Tomarnos el tiempo

Las cosas por fin habían cambiado. Ahora simplemente nos tomábamos el tiempo necesario para hablarnos, escucharnos, parlotear, mirar juntos por la ventana y observar juntos el arte. Ni uno solo de los numerosos artistas que visité a lo largo de los años trató de imponerse y mucho menos forzarme a aceptar nada. La mayoría me recomendaba a sus colegas de forma generosa e inmediata: gesto que nunca había visto en Europa. De hecho, casi siempre existía una comunidad de artistas en los lugares que visité. “Vivir y dejar vivir” parecía ser la consigna latente. Fuera donde fuera, me daban una bienvenida cálida, espontánea, amigable, abierta y solidaria.

Al centro de nuestros encuentros no estaba la venta, sino el arte mismo, así como las condiciones de las que surgía. El arte todavía parecía venir del corazón para estos artistas. En discusiones largas e intensas, de buena gana me brindaban información sobre sus conceptos e ideas. Todo esto siempre se llevaba a cabo en un ambiente muy profesional. Nunca jamás un artista llegó tarde, a pesar de ser una práctica notoria en Latinoamérica, donde, como en Brasil, los invitados suelen llegar a las reuniones nocturnas dos horas mas tarde de lo acordado.

Pronto descubrí que, por lo general, los artistas latinoamericanos mostraban un mayor nivel de educación y estaban mejor informados que sus homólogos europeos o norteamericanos. Al menos en aquel momento, hace unos 20 años, ello se debía a que provenían de las clases sociales más altas. (En las más bajas tienen otras cosas que hacer, en lugar de ponerse a estudiar arte o dedicarse a empeños de carácter artístico e intelectual.) Otra razón era que se sentían obligados a aprender y experimentar aún más para mantenerse actualizados debido a su origen y ubicación ostensiblemente periféricos, y poder estar así a la par de sus colegas en los supuestos centros del mundo. Los detalles de este complejo de inferioridad más o menos marcado y la supuesta periferia son temas que examinaré con más detenimiento en otro momento.

 

Distinto cada vez: llegar a conocer a un artista

Por coincidencia o por acuerdo. Solo o en compañía. En la cocina, con su familia o saliendo de la cama con el amante; en la calle, en una inauguración, en un restaurante, en un bar ¡o incluso en el estudio!

Están los “organizados”, los “genios profesionales”; artistas como Alfredo Jaar, Waltercio Caldas, Doris Salcedo, Rafael Lozano-Hemmer, Vik Muniz, Ernesto Neto y otros: no cometerían un verdadero error en su manera de describirse a sí mismos o de presentar sus obras. Son —o al menos así lo creen—”a prueba de balas”.

Los “desinteresados” también parecen genialmente cool: personas como Cildo Meireles, Julio Le Parc, Antonio Caro, León Ferrari, Nelson Leirner y Miguel Rio Branco; y rara vez bajan la guardia.

Nelson Leirner en la inauguración de “Face to Face”, Zurich 2007, Fotografía: M.G.

Con algunos, las fechas se programaban desde el inicio. Con otros me iba familiarizando con el pasar del tiempo, sin querer y sin ningún esfuerzo. De hecho, con algunos había llegado a tomar tan por sentada nuestra mutua confianza que me costaba recordar si la visita de estudio ya había sucedido o no.

A veces, quedaba inundado de información —la hubiese pedido o no— y otras me tocaba cazarla con esmero (Jorge Macchi) o extraerla con pinzas (Lázaro Saavedra). Hay artistas que no son para nada locuaces, como el difunto Antonio Dias, en cuyo caso me pregunto cómo hice para obtener la más mínima información.

Luego están los de trato fácil, con quienes todo funciona como la seda y la información se ofrece en dosis manejables, como Milton Machado, Horacio Zabala, Teresa Serrano, Luis Fernando Benedit, Clemencia Echeverri, Guillermo Kuitca, Fabian Marcaccio, Iole de Freitas, Lenora de Barros, Eduardo Berliner y otros. Resulta curioso que entre estos haya muchos pintores y también arquitectos, pero no me atrevería a sacar conclusiones sobre lo que pueda significar.

En el transcurso del tiempo he aprendido a apreciar sobremanera el hecho de que también pude mantener excelentes relaciones con artistas que no se incorporaron a la colección. Nadie se ofendía porque yo no hiciera concesiones sobre la esporádica rivalidad entre grupos locales. Aceptaban —al menos eso creo— que quería conocer y tratar a todos de la misma manera. Por eso acechaba al arte como un oso torpe o una alegre abeja volando por la región de flor en flor, en busca de polen.

 

  1. Lindo seguirte en ese interesante y también sorprendente descubrimiento sobre la cultura y el arte de nosotros los latinoamericanos. Lindo escucharte hablar de tus tácticas para descubrir las formas y maneras de comunicación de cada artista.

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