Crítica de la sinrazón pura

 

Un libro ingenioso me habría venido muy bien. Algo así como una “Guía del arte latinoamericano” ordenada por países y actualizada, por supuesto, a fin de prepararme para la tarea que tenía por delante. Pero eso sería pura ilusión y, en última instancia, una tontería.

El papel lo aguanta todo

Ni hay, ni puede haber, una fuente única para el “arte contemporáneo en Alemania”, Francia, o ningún otro país o región. Cuando se publica un libro con esta pretensión pronto se descarta como inútil. El mero hecho de decidir a quién sí y a quién no incluir conduce a disputas en los círculos artísticos. Aprenderte algunos nombres relevantes de la actualidad sería quizás el mejor uso que le pudieras dar a una guía de este tipo.

En definitiva, no encontré literatura que realmente me familiarizara con el arte del continente latinoamericano. Estudié un sinnúmero de textos durante mi investigación “académica”, pero, dicho y hecho, recurrí al escaneo de imágenes obtenidas de las diversas publicaciones y a mi virtual inhalación de estas impresiones visuales. Todo lo que me quedaba, entonces, era viajar a Latinoamérica y recopilar información personal sobre el terreno.

Mi fe incondicional en la palabra escrita e impresa había ido menguando desde mis años universitarios. Prefiero confiar en la lectura inmediata de la obra de arte, en mi opinión personal y en la experiencia inherente. De todas formas, en este caso tenía por delante un trabajo pionero, ya que no había modelos preexistentes. Por lo tanto, devoré todo el material que encontraba en el camino: al inicio eran referencias escritas y luego un número cada vez mayor de fuentes orales. Evalué todo en un proceso discursivo y simultáneo, clasificándolo según criterios útiles a mis propósitos.

 

Copiar es más fácil que pensar

Estoy convencido de que nos apoyamos demasiado en la literatura secundaria para evaluar las obras de arte. Es más, incluso lo hacemos sin asegurarnos de la veracidad de la fuente en particular. Cualquier buen vino lleva una designación que indica su origen —el DOC o Denominazione di Origine Controllata—, algo de lo que carecen nuestras fuentes literarias. La reproducción es más fácil que la reflexión independiente e inspirada. Pensar, después de todo, puede ser doloroso, perturbador o tedioso. Es por eso que los estudiantes copian con diligencia todo tipo de páginas web, siempre con la esperanza de no los pillen. En cierto modo, estamos de vuelta en la “Edad Oscura”, anterior a la Ilustración. Imagina a estudiantes de las ciencias literarias que ya no lean los textos originales, sino que recurran solo a material de segunda mano para su análisis e interpretación: ¿quién valoraría seriamente los resultados?, ¿y por qué debería ser esto diferente para las artes visuales? Con demasiada frecuencia prevalece la impresión de que muchos colegas le temen a su propia habilidad para juzgar; a menos, claro, que la inhabilidad sea real.

 

No todos los colegas son cerdos de trufa

El tiempo es un bien escaso en nuestra sociedad pseudoproductiva y con frecuencia usamos la falta de tiempo como excusa para el letargo intelectual, en lugar de sentarnos en nuestros traseros para observar una obra de arte con seriedad, minuciosamente, hasta desarrollar nuestra propia comprensión de ella. Después de todo, la percepción y la comprensión van de la mano. A toda percepción la acompaña un pensamiento y juntos forman el punto de partida para una comunicación estimulante y discursiva con nosotros mismos.

Augustus de Primaporta, siglo I, mármol, altura 204 cm, Museos del Vaticano, Roma

Kritiko en griego antiguo significa “poder discernir” y es la raíz de palabras como “crítica” y “criterio”. La observación descriptiva del arte era algo que todavía existía en mi curso de “Arqueología clásica” (la Antigüedad griega y romana) a fines de la década de 1970. Cómo odiábamos tener que contar los rizos de Augusto para clasificar ese o aquel retrato. Sin embargo, lo que veíamos como un “mero” formalismo puro nos inculcó la virtud de observar de cerca, procurándonos así las bases para el análisis científico. ¿Por qué la observación metódica se descarta hoy en las ciencias de las artes, mientras que es la conditio sine qua non en las ciencias naturales?

Considero de mucho provecho recordar aquel método anticuado en tres pasos: observación-descripción-interpretación. Ese enfoque tiene sus méritos para el arte contemporáneo. Sin duda es útil poder identificar los elementos de los que se compone una obra de arte y comprender cómo interactúan o precisamente cómo no interactúan. El método también sirve para observar el arte “antiguo”. El que sea “vieja” no mejora una obra de arte: un Rembrandt no es bueno solo por ser un Rembrandt. Por desgracia, el historiador de arte “normal” no es por defecto también un crítico y a menudo es incapaz de distinguir las diferencias de calidad.

Las fuentes orales y visuales son muy importantes para mí. Mirar y escuchar, tomarnos el tiempo para contemplar, estar abiertos a la sorpresa, maravillarnos, repensar, experimentar y aprender algo nuevo: es esto lo que necesitamos para dedicarnos al arte.

 

  1. Que difícil juzgar que es bueno y que no en el arte, sobre todo en estos momentos en que la tecnología nos trae tantas nuevas formas de uso para las artes. Creo que tu procedimiento de tres pasos te ayudo enormemente pero la pasión con la que llevaste a cabo tu tarea dio resultado en la colección que creaste.

  2. La critica de arte en Latinoamerica ha ido perdiendo colaboradores. Las revistas y periódicos han cedido sus espacios a comentaristas o los han cancelado definitivamente. Hoy más que crítica, discernimiento, hay opiniones basadas en el gusto de la época o la tendencia del mes. Es necesario volver a promover el pensamiento crítico entre los estudiantes de historia del arte y los de curaduría. El arte latinoamericano se distingue de sus contrapartes en Norteamérica, Europa y Asia, de su propuesta “descolonizadora” , lo que implica una postura crítica hacia los cánones eurocéntricos o hegemónicos de Norteamérica. La historia de las artes en Latinoamérica no necesariamente tiene que recorrer la vanguardia o la transvanguardia europea. Tenemos un camino que andar por nuestra cuenta. Recomiendo ver la exposición Memorias del subdesarrollo; el giro descoonial del arte de América Latina, 1960-1985, en el Museo Jumex, en la Ciudad de México. Estará hasta el 9 de septiembre de 2018. Saludos.

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