Cuba: surrealismo real

No conozco otro país con tantas contradicciones como Cuba. De hecho, no existe casi nada en el archipiélago caribeño que no sea en esencia contradictorio. Lidiar con Cuba, por lo tanto, es toda una hazaña.

De los cubanos cubanos y los cubanos expatriados 

Cuba fue uno de mis primeros destinos. En agosto de 2000, entré en contacto con la escena artística en La Habana: Tonel, Sandra Ceballos, Katya Ayón, Santiago Rodríguez Olazábal, Eugenio Valdes, Manuel Piña, Gerardo Mosquera, Tania Bruguera, Diango Hernández, Francis Acea, Nelson Herrera Isla, Cristina Vives, Los Carpinteros, Ernesto Fernández, Lázaro Saavedra, René Peña, Magda González, Carlos Garaicoa y René Francisco, entre otros. Meses antes —en la feria de Art Miami a fines de enero de 2000— me habían presentado a artistas cubanos “exiliados”: César Trasobares, Rubén Torres Llorca, José Bedia, Glexis Novoa, Florencio Gelabert y, por supuesto, a la coleccionista de arte Rosa de la Cruz. 

Mi objetivo era involucrarme a fondo con la isla, su historia ¡y su presente! 

Hice un serio intento por descubrir quiénes eran los “mejores” cubanos; es decir, los “verdaderos”. ¿Serían los que se quedaron o los que se fueron? Luego de muchas extenuantes discusiones nocturnas, por fin me di cuenta de que mi pregunta era irrelevante. Desde ese momento, la vida se me hizo más relajada, al menos en cuanto a mi trato con los cubanos. Aprendí a aceptar a ambos grupos como dos caras de una misma moneda. Sin embargo, en términos generales, la creación artística de los cubanos que viven en la isla es más multifacética, de mayor calidad, más intrigante e intensa que la de los compatriotas que residen en Norteamérica. Ello se debe a varios motivos, que detallaré más adelante. 

Dulce tentación y farsa persuasiva

Una de las contradicciones que experimenté fue que los cubanos están convencidos de su propia grandeza y tienen mucho éxito en convencer a los demás, contraviniendo hasta nuestra capacidad de razonar. Nos enamoramos de ellos una y otra vez, ¡como en un romance ultradramático y neurótico! En esencia, todo su arte giraba, y gira, en torno a la propia isla, con sus sempiternas anécdotas locales y sus problemas internos. Pero luego, esa insuperable mezcla de folclore y dilema político —sazonada con una buena dosis de Che-sensualidad pseudorevolucionaria— siempre logra enganchar a los compradores estadounidenses, que vibran de lujuria por su arte. Su bienal siempre ha generado incansables días de producción que culminan en innumerables obras de ligero arte neoconceptual. Se han vendido como pan caliente entre los gringos. Y con razón. Las personas tienen que ganarse la vida, después de todo. Los chinos, por cierto, han producido el mismo gran estilo.

Provincianismo y socialismo; amor y odio

Aunada al ubicuo clasismo [¡sic!], al racismo [¡sic!], y a una actitud pequeñoburguesa, conservadora y de ínfulas de grandeza española, la afectación cubana me empezó a sacar de quicio. Después de cierto tiempo estaba listo para tomar un descanso y me mantuve alejado de la isla unos 3 o 4 años. De alguna manera, su ostensible socialismo y los interminables relatos en torno a él se han grabado profunda y chabacanamente en el alma de la mayoría de los isleños.

Pero así es como es: el amor siempre tiene algo de amor-odio. Le daríamos la espalda a la realidad si negáramos que la escena artística cubana prospera. A pesar del embargo, la censura, la escasez, etc., Cuba hoy, como en el pasado, ostenta una producción artística en auge, inferior a ninguna y a la par con sus vecinos más grandes en América Latina. La censura existe, pero por lo general se elude con disimulo. A veces, incluso el propio gobierno acoge con “benevolencia” ciertas obras de arte críticas, como ocurrió con la presentación de El bloqueo de Tonel en el Museo Nacional de La Habana. Este enfoque funciona porque muchos trabajos pueden interpretarse de distintas maneras, es decir, desde ambos lados. Y es precisamente esto lo que yace en el corazón y el núcleo de su sublime elegancia.

Tonel (Antonio Eligio), El bloqueo, 1989, Concreto, ca. 60 x 450 x 1000 cm, Instalación Casa Daros, Rio de Janeiro, 2015, Daros Latinamerica Collection, Zürich, Fotografía: C.M.

Hasta el bloqueo tiene su lado bueno

La escuela estatal ISA (Instituto Superior de Arte) no solo es una de las mejores escuelas de arte en el mundo, sino también una de las más tolerantes. Lo creas o no, el pensamiento crítico (todavía) se enseña y se vive aquí: ¡hoy en día, un acto revolucionario en sí mismo!

Por otra parte, el embargo —el bloqueo— sobre el cual el régimen de Castro sustentó su legitimidad política interna, al menos tiene la ventaja de que las obras de arte, apenas concebidas, no pueden realizarse ad hoc y al instante. Más bien requieren de un largo proceso para pensar y repensar la idea subyacente, aclarándola y enfocándola hasta que —una vez que se ha reflexionado muy bien—pueda realizarse incluso con medios simples.

Bajo la utopía “socialista” y las concurrentes escaseces de la economía cubana, la necesidad de inventar e imaginar florece de forma abundante: todo progreso exige la lucha y el empeño personal, junto con la inventiva individual y el ingenio para hacer lo mejor que se pueda y asegurar la supervivencia. Otra ventaja: una vez que se ha tenido éxito en la creación y venta de una obra de arte, ni siquiera está sujeta a impuestos. ¡No está nada mal!

La Habana: asombrosa, sexi y en vías de globalizarse

¿Olvidé mencionar lo sexis que son La Habana y sus habitantes? Cuando visité la ciudad por primera vez en 1997, con motivo de la VI Bienal de La Habana, ¡sentí que deliraba! Durante días, viví en un estado de éxtasis erótico, ¡intensificado por el sabroso ron! La Habana es asombrosa, única en su clase, increíblemente bella y totalmente loca. En estas circunstancias, no es de extrañar que mis colegas curadores de Europa y Estados Unidos rara vez pudieran pensar con claridad.

Hoy ni Cuba sale ilesa del efecto que ocasionan las apacibles, pero implacables, formas de globalización en todo el mundo. El conceptualismo lúdico, vivamente metafórico, que informa el arte cubano, va cediendo —de forma paulatina pero constante— a una narrativa artística globalizada. Un ejemplo visible de está época cambiante: ahora los artistas cubanos tienden a llegar incluso antes de tiempo a la inauguración de las exposiciones, mientras que antes uno esperaba al menos dos horas después de la apertura para presentarse a un vernissage.

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