El dogma del contexto

¿Cuál es el contexto de una obra de arte? El dogma del contexto —que debe defenderse o evidenciarse— ha sido determinante en los discursos artísticos internacionales del pasado reciente. Por ello, los prefijos para-, meta-, sub-, híper– o el simple des- contextualizar, siguen proliferando contra viento y marea. 

Un llamado a liberarnos del dominio del contexto

Es evidente que todas y cada una de las obras de arte provienen de un contexto específico que debemos conocer y respetar. Hasta ahí, todo bien. ¿Y qué? No importa cómo se fabricó la obra de arte, ni quién ni cuándo ni dónde fue creada; tan pronto se venda —y, en consecuencia, cambie de manos y de ubicación— será arrancada para siempre de su contexto anterior al instalarse o exhibirse en un lugar diferente. 

Considero que esta circunstancia es una gran oportunidad para toda obra de arte: que pueda presentarse en un entorno nuevo e inimaginable, y a la vez mantenerse firme en el nuevo contexto gracias a cualidades antes quizá desconocidas. De pronto, pueden resurgir características de la obra que no eran discernibles antes. Por poner un ejemplo: el Díptico de Melun tiene mucho que contarnos hoy, aunque no lo mismo que narraba a sus contemporáneos. 

En términos de espacio y de tiempo, una obra tiene tantas interpretaciones como intérpretes. El observador atento interpreta cualquier obra de arte de manera distinta a la de otro observador. No hay una comprensión “correcta” o “incorrecta” de ninguna obra, como les gustaría hacernos creer los partidarios de la originalidad del contexto ortodoxo.

Por lo general, el progreso surge de los caminos que se van abriendo, de pensar fuera de la caja. La obsesión arqueológica por un statu quo ante y la observación estática jamás nos darán una visión del futuro, algo que sólo puede lograrse mediante interpretaciones nuevas y dinámicas. En este sentido, nuestra situación actual —que ya se ha convertido en posmoderna— ofrece un sinfín de oportunidades. 

El acto creativo del espectador, según Duchamp

Marcel Duchamp (1887 – 1968)

Ahora bien, incluso la obra misma se queda corta frente a la idea original de su creador; es decir, de su verdadero “contexto” mental, como señaló Marcel Duchamp en su famosa conferencia “El acto creativo”, dictada en un encuentro de la Federación Estadounidense de las Artes en abril de 1957, en Houston, Texas, y de la que citaré algunos pasajes: 

“En el acto creativo, el artista pasa de la intención a la ejecución a través de una cadena de reacciones muy subjetivas (…) El resultado de esta lucha es una diferencia entre esa intención y su realización; una diferencia de la que el artista no está consciente. De ahí que falte un eslabón en la cadena de reacciones que acompaña el acto creativo. Esta brecha representa la incapacidad del artista para expresar su intención por entero —es decir, la diferencia entre lo que pretendía hacer y lo que hizo— es el ‘coeficiente de arte’ personal contenido en la obra. En otras palabras, el ‘coeficiente de arte’ personal es como una relación aritmética entre “lo inexpresado pero intencional” y “la expresión involuntaria” (…) En definitiva, el acto creativo no lo realiza sólo el artista; el espectador pone la obra en contacto con el mundo exterior al descifrar e interpretar sus cualidades interiores, añadiendo así su contribución al acto creativo. Ello se hace aún más obvio cuando la posteridad confiere un último veredicto y a veces rehabilita a artistas olvidados”.

 (Traducción del ensayo original en inglés, incluido en Robert Lebel, Marcel Duchamp, Grove Press, Nueva York, 1959, pp. 77-78).

  1. Y me viene a la memoria también un verso de Antonio Machado que decía “hoy es siempre todavía”. No todas las obras permiten que su hoy sea siempre, pero muchas sí. Lleyendo tu análisis me vinieron a la memoria varias obras de Shakespeare, Macbeth, Richard III y Hamlet, que fueron representadas con escenografías y atuendos actuales. Acordate la película de Richard III con Ian Mckellen y ambientación de principios del Siglo XX. Devenían en obras contemporáneas. Lo mismo he sentido de una pintura o de una escultura. Me dirás que no sucede con todas las obras, es cierto. Pero aquellas obras que tratan la esencia humana, las pasiones humanas…que nos interpelan y nos cuestionan, nos obligan a una lectura que solo puede ser contemporánea. Y el crítico y el curador y el galerista son espectadores. Y si “reviven” a algún artista olvidado, no importa por cuántas décadas o siglos, es porque la obra permite lecturas actuales, contemporáneas. Y mientras haya espectadores que puedan seguir dando distintas lecturas a esas obras, asegurarán su contemporaneidad.

  2. De acuerdo con el argumento sobre el papel del espectador que completa la obra. Mas, sin embargo, cada vez que entro en una galería, en una feria de arte o alguna bienal, me parece que el contexto está dado por factores externos a la obra. Como sí el marchand, el director de un evento de mercado o el director de una bienal, hubiesen secuestrado el “coeficiente artístico” de la obra y entonces el público se ve apabullado por el punto de vista prevaleciente de esos intermediarios que justifican el valor y el precio de la obra de arte. Quiza en los tiempos de Duchamp, y aún antes, el contexto era dictado por un “factor estético”, que era el resultado de una ecuación en la que solamente el arte y el artista ofrecían los elementos para contemplar, analizar y juzgar los méritos de la obra. Pero hoy no es así. Los nuevos públicos ven el arte a través de infinidad de filtros, con lo que el contexto ha desparecido y se ha multiplicado por el nùmero de espectadores, multplicado por el número de intermediarios y por los criterios institucionales prevalentes (me refiero al coleccionismo de museos o privado), lo cual deja al autor de la obra como punto en una línea o lineas contextuales, sin principios que puedan arrojar coefecientes confiables para evaluar una obra. Esa es la nueva normalidad de la experiencia estética del arte.

  3. Muy bien dicho Hans. Muy esencial tener claro esta condición del arte y como se completa su significado.. Además de la interpretación del espectador también el significado de la obra esta dado por la manera, circunstancia y lugar donde circula. Algo que incluso puede llevar a comprometer la intención original del artista. En cualquier caso la vida social del arte es uno de los temas mas interesantes y comprometedores de la etica de nuestro quehacer. Ya muy aparte de los dogmas del sacerdocio ortodoxo que de estas verdades mas bien se oculta y la falsa alusion a significados definidos, terminados o cerrados. La interpretación de la obra de arte por demás y en linea que nos propone Duchamp, en una suerte de significado diferido, o suspendido, una operación siempre por resolverse; para recordar también a Derridà.
    Un abrazo querido amigo
    Belén

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