Exponer arte

«Curar» una exposición de arte es como llevar a escena una obra de teatro. Primero debes identificar el núcleo de la «pieza» para saber de qué vas a hablar. Le sigue el esfuerzo por ofrecer la mejor presentación posible del material compilado para tu mise en scène. 

Todo interactúa 

Montar una obra de teatro implica determinar el contexto estético, la duración y la secuencia (actos primero, segundo y tercero), el número de intérpretes, la iluminación… Cada elemento debe encajar con el todo. Y, claro, ¡una buena dramaturgia exige un inicio impresionante y un final inolvidable! Y jamás podemos dejar de lado el requisito previo básico: al igual que en la cocina, la materia prima, los ingredientes, las «piezas» -en nuestro caso, las obras de arte– deben ser de óptima calidad. 

Antes de adquirir una pieza para la Colección Daros Latinamerica, me detenía a reflexionar sobre cómo encajaría en el contexto de una exposición y qué impresión causaría en un espectador imparcial. También procuraba que la obra de arte en sí misma encarnase el concepto subyacente de la colección. Exhibirlas implicaba no solo crear un evento estético, sino además uno que tuviera una intrínseca calidad educativa haciéndose evidente en la interacción de las obras y en la secuencia de su presentación. Así, las exposiciones –cada una en sus propios términos– se hacían muy accesibles al visitante abierto e interesado.

La árida presentación académica de obras de arte alineadas para servir como evidencia de una idea «curatorial» más o menos interesante, no era lo que yo buscaba hacer. Más bien, intenté armar encuentros discursivos, fértiles e inesperados de diversas obras para crear referencias selectivas que permitieran tejer una red potencial, que a su vez disparara una profusión de interpretaciones emocionantes en el espectador receptivo. Una vez más, la condición previa siempre es trabajar con material de alta calidad: ¡obras expresivas que tengan algo que decirnos! Al igual que un buen estadista, el curador debe ser capaz de ir directo al corazón de la materia, en lugar de disolverse en infinitas vueltas redundantes, como sucede con demasiada frecuencia en nuestra nimia práctica expositiva.

La elección importa

Otro aspecto vital es la elección de las obras. Sea cual sea el tema que una exposición pretenda explorar, la selección siempre es parte de ella: ¿qué quiero mostrar y qué necesito para mostrarlo? Daré un ejemplo negativo de lo que representa una reiterada práctica curatorial en América Latina: para la muestra colectiva titulada «Vibración: Arte moderno de América Latina» –que reunió obras de la Colección Ella Fontanals-Cisneros en la Bundeskunsthalle en Bonn entre 2010 y 2011– como pieza emblemática para la entrada se seleccionó un grabado que Torres García hizo en 1930. La obra debía representar a la Escuela del Sur, pero era de una mediocridad tan terrible que no resistía el menor escrutinio artístico. Tuve el impulso de dar la vuelta y largarme de inmediato. Era obvio que a este curador latinoamericano le daba igual la calidad. La obra le servía como mera «evidencia» y ejemplo para cimentar su hipótesis (la Escuela del Sur sin Torres García no existe).

Los detalles se notan

Seamos realistas: este no es el siglo XIX. Imponerle al público las obras de arte con un dedo amenazador o ahogarlas en un discurso académico no se hace. A las obras hay que dejarlas libres para para que interactúen alegre y significativamente, ofreciendo a los espectadores interesados una gran cantidad de opciones para que hagan sus propias lecturas. En buena medida, el impacto de una obra de arte se basa en su entorno y puesta en escena: diferentes contextos expositivos provocan efectos dramáticamente diferentes. Es lamentable que muchos colegas de formación ibérica o latinoamericana aún no les importa que las obras se presenten de la mejor manera posible. Mi peor experiencia en este sentido fue la visita a una exposición que celebraba un aniversario de la bienal de São Paulo hace unos años en el Parque Ibirapuera. La iluminación era la misma que se había usado para la exposición anterior, a pesar de que las particiones para colgar los cuadros se habían reorganizado por completo.

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