Fernando Arias y José Alejandro Restrepo

Fernando Arias (nace en 1963 en Armenia, Colombia, y vive y trabaja en Colombia)

Los muchos y diversos temas a los que Fernando Arias se ha dedicado a lo largo de su vida artística se leen como una lista de los hashtags más actuales: género, raza, clase, religión, LGBTQ+, naturaleza, medio ambiente, minorías, igualdad, sociedad, política… La diferencia es que Fernando Arias se ocupó de estos asuntos mucho antes de que estuvieran de moda.

Arte y virus

Durante mucho tiempo no era posible mencionar arte y activismo sociopolítico en una misma oración. Desde el comienzo de su carrera como artista, Fernando Arias fusionó estas dos áreas; una práctica que hoy en día se ha vuelto moneda común. Entre los tantos recursos temáticos decantados en su enorme variedad de instalaciones y performances, también se ha servido de su experiencia de vida como sustrato natural. Era, por ende, lógico que también involucrara su propio cuerpo como medio estético en su producción. El VIH se convirtió, entonces, en uno de sus enfoques más importantes; un virus que surgió mucho antes que la Covid y que en aquel tiempo era en extremo letal. Como suele suceder, el VIH afectó «tan solo» a grupos marginales; en este caso, a los homosexuales y a los drogadictos, quienes no estaban precisamente en la cima de la popularidad, por lo que sus bajas no se consideraban una pérdida significativa.

Lego Coffin (Homage to the Children of the Drug War), 2000, Lego y madera contrachapada, 28,5 x 190,5 x 70 cm, Cortesía: Daros Latinamerica Collection, Zürich, Fotografía: Sérgio Araújo, Rio de Janeiro

La muerte no es ninguna rareza en Colombia, país que vive en permanente estado de cuasiguerra civil. Fernando Arias ha abordado una y otra vez este dilema; como, por ejemplo, en su iconográfico «Ataúd de Lego (Homenaje a los niños de la guerra de las drogas)”, de 2000: un ataúd construido con ladrillos de Lego y los colores nacionales de Colombia, transformando el sueño infantil de los Lego en símbolo de muerte. La tapa del ataúd no ostenta una cruz, sino una línea blanca de cocaína. 

Guerra y mercado

Fernando Arias ha proyectado repetidas veces su condición de colombiano en el mercado global del arte. Es el caso del deliciosamente sarcástico «¿Quien da mas?», de 1997. Arias muestra su lomo desnudo y tatuado con su firma de artista, ¡literalmente vendiéndose al mejor postor!

Quien da más?, 1997, Fotografía, 113 x 90 cm, Cortesía: Daros Latinamerica Collection, Zürich

Impresionantes e insuperables son las obras con representaciones sencillas, pero de contenidos harto complejos. Su video «Humanos derechos», de 2008, muestra a cuatro colombianos que han estado involucrados durante muchos años en los conflictos armados de su país: un paramilitar, un soldado, una guerrillera y un campesino. Poco a poco, se van quitando la ropa o el uniforme, hasta que quedan totalmente desnudos y despojados de sus funciones anteriores. Al final, se presentan ante nosotros como seres puramente humanos y vulnerables.

instagram.com/fernando.arias.artw

«Más Arte Más Acción” es una plataforma de proyectos artísticos interdisciplinarios, creada por Fernando Arias y Jonathan Colin en Colombia, en 2008; un espacio para pensar, que permite a artistas, científicos, activistas y escritores reflexionar sobre la construcción de un mundo mejor:

https://www.masartemasaccion.org

José Alejandro Restrepo (nace en 1959 en Bogotá, Colombia, y vive y trabaja en Bogotá

«Me fascina la investigación desde una perspectiva artística por las posibilidades creativas del encuentro entre disciplinas como la antropología, la historia, la economía y la política. Quiero romper el continuo histórico para explorar un presente eterno donde todo está aquí, ahora, y totalmente interconectado».

El artista científico 

A la manera de un antropólogo, José Alejandro Restrepo ha venido realizando una investigación exhaustiva de la historia colombiana a lo largo de muchos años, y mucho antes de que se convirtiera en un enfoque artístico establecido. De hecho, muchas de sus obras (en su mayoría de índole instalativa) pueden leerse como interpretaciones o comentarios críticos sobre la historia cultural de Colombia, extraídos a través del filtro escrupuloso y preciso de un científico inteligente, antes de transponerlos al mundo del arte. En sus obras, Restrepo se acerca con gran cuidado, sensibilidad y rigor al inventario infinito de la historia religiosa y social de su país, así como a los innumerables mitos y poderes que han saturado la tierra del realismo mágico.

Paraíso engañoso

Una de sus obras maestras es sin duda «Musa paradisiaca», de 1996, una obra compleja que aborda la perpetua explotación de Colombia con sublime y palpable poesía:

Musa paradisiaca, 1996, Instalación, Dimensiones variables, Cortesía: Daros Latinamerica Collection, Zürich, Fotografía: Sérgio Araújo, Rio de Janeiro

José Alejandro Restrepo suspende del techo una gran cantidad de enormes racimos de plátano exquisitamente henchidos y rebosantes de fertilidad. Pero las expectativas de encontrar un jardín del Edén (musa paradisiaca significa ‘plátano’ en latín) en el esplendor y la biodiversidad de Colombia chocan con la realidad social. La supuesta naturaleza pura y prístina entra en síntesis grotesca con nuestra tecnología en esta instalación: cables serpentean por los plátanos y terminan conectados a pequeños monitores destripados que penden casi a ras del suelo. Reportajes televisivos sobre las recurrentes masacres de trabajadores en las bananeras parpadean en las pantallas, proclamando la explotación, la opresión, la violencia y el sufrimiento de los seres humanos, y cuestionando así la oronda exuberancia vegetal de los plátanos. Con el tiempo, los plátanos van madurándose y comienzan a pudrirse y fermentarse. Lentamente, se va creando un gesamtkunstwerk sensorial y olfativo que pasa por los procesos de podredumbre, deshidratación y resequedad absoluta, hasta el punto en que los plátanos se ven tan muertos y canibalizados como los pequeños televisores, que, inclementes, siguen mostrando su horripilante relato.

Musa paradisiaca, 1996, Instalación, Dimensiones variables, Cortesía: Daros Latinamerica Collection, Zürich, Fotografía: Sérgio Araújo, Rio de Janeiro

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