Iole de Freitas (nace en 1945 en Belo Horizonte, Brasil, y vive y trabaja en Río de Janeiro, Brasil)

«Siempre trato de crear un equilibrio entre las posturas culturales, institucionales, mentales y emocionales, buscando un impacto que sea tanto visual como físico, y que agudice y fortalezca la percepción de quienes lo ven». (Iole de Freitas, 2013)

Soltura a gran escala

Cual velas ondulantes, las láminas curvas de policarbonato de Iole de Freitas flotan por los espacios provistos para ella. Sostenidas por sinuosos y gráciles tubos de acero, sus esculturas danzantes ­–ya sean translúcidas u opacas– atraviesan el espacio con aparente naturalidad y una ligereza absoluta. El concepto de peso estático les es del todo ajeno. Es obvio que no se parecen a ninguna pieza de Beethoven, sino más bien al brillo que emana de las composiciones de Mozart, con su destreza infinitamente ligera y juguetona, y de un audaz refinamiento.

documenta XII, 2007, Kassel, Fridericianum, Fotografía: Roman Märs

Sorprende cómo Iole de Freitas maneja los vastos espacios. Hasta los más amplios los domina con soltura, así como Oscar Niemeyer lo hacía con sus construcciones arquitectónicas. Por lo visto, los brasileños no están hechos para el formato pequeño: Burle Marx fue otro artista cuya cima creativa está ocupada sobre todo por sus proyectos enormes.

Las obras de Iole de Freitas, sin embargo, son siempre gráciles, lúdicas y refinadas. Nunca se aproxima a lo denso. El peso y la soltura se mantienen siempre en equilibrio. Sus obras ondean entre la violencia latente y una delicada sensualidad. Van deslizándose, suaves e imperceptibles, hacia un erotismo físico. El arte de Iole no puede ser más abstracto y, sin embargo, transpira una poderosa presencia corpórea y sensual. El movimiento inmanente –ese caudal que emana de sus obras– proviene de la formidable percepción espacial de la artista. Parecida a la música, la dinámica inherente en sus obras contiene el potencial explosivo y erótico que ­–si bien de forma elegante y mesurada– las hace estallar en el espacio. En este sentido, Iole de Freitas se alía a los futuristas italianos, con quienes comparte una expresión universal y atemporal.

Esculpir el espacio

Para que servem as paredes do museo?, 2013, Casa Daros, Rio de Janeiro, Fotografía: Sergio Araujo

Mientras que un artista como Waltercio Caldas tiende a relacionarse con el espacio de manera más estática, lo primero que ella hace es penetrarlo, ocuparlo y hacerlo visible, tangible, perceptible, sensible. Los elementos escultóricos de Iole de Freitas no llenan ni rellenan el espacio como otras «esculturas» convencionales. En cambio, parecen disolverse en el espacio: el suyo es el proceso preciso que forma la impresión de un espacio. Lo transforma en algo comprensible y perceptible mediante intervenciones mínimas. Ella esculpe el espacio, no los materiales que usa.

Su proceder se nos muestra ilimitado, orgánico y natural. En todas sus instalaciones espaciales –ya sea en documenta XII (2007) en Kassel, en el Centro Cultural do Banco do Brasil en Río de Janeiro (2005) o en el Centro Hélio Oiticíca en Río (2000)– siempre sitúa su propia «arquitectura» junto a la arquitectura del sitio, de una manera diríase informal, suelta y lúdica, poniendo en equilibrio los desequilibrios existentes. En lugar de crear estructuras antagónicas, escenifica de manera eficaz y elegante sus específicas interpretaciones espaciales. Sus piezas encajan de forma muy natural, como si siempre hubieran estado allí. Transmiten una presencia deslumbrante, una intensa concentración acumulada y una voluntad inherente de la que nos cuesta mucho escapar. La propia Iole de Freitas la definió con la concisión poética de una esfinge: «La belleza siempre será un elemento liberador».

O peso de cada um, 2015, MAM, Rio de Janeiro

http://www.ioledefreitas.com.br

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