Nemo propheta acceptus est in patria sua

“Nadie es profeta en su propia tierra”. Según los evangelistas, Jesús de Nazaret pronunció estas palabras como condena a la poca hospitalidad que recibió de la gente de su propia ciudad natal, Nazaret. Lo mismo ocurre a menudo en el mundo del arte.

Poderosas centrífugas

Cuando comencé a trabajar en Latinoamérica, hace casi 20 años, fui testigo de un fuerte alejamiento centrífugo hacia los centros en Estados Unidos: Nueva York, Los Ángeles e incluso Miami y Houston. Y también hacia Europa: París y Madrid; cada vez más Londres y, recientemente, Berlín.

París era la mítica sede de la alta cultura europea, donde los flambeaux de la civilisation —aunque bastante atenuados— seguían respetándose; Madrid también era un destino, más que nada por razones lingüísticas, pero por lo demás era tan odiada como amada; Londres gozó de cierto protagonismo durante unos años, robándose el centro de atención de Nueva York en su papel de capital mundial del arte; y, de repente, Berlín se volvió atractiva por sus bajos precios. Lisboa ya no jugaba un rol importante desde hacía tiempo, ya que los ex-colonizados brasileños sentían un afecto algo desdeñoso hacia la capital portuguesa.

Sin embargo, el intercambio y la movilidad entre los mismos países latinoamericanos eran escasos; estaban lejos de compartir un sentido de identidad. Todo lo contrario: había poca conciencia de lo que pasaba más allá de las fronteras nacionales; más o menos como sucede en los países de Europa. Los intereses propios superaban el interés en los demás; la desconfianza prevalecía sobre la cooperación fructífera. La idea de ser más fuertes juntos no parecía guardar promesa alguna.

Aquel contexto latinoamericano puede quizás compararse al de África hoy. Recuerdo haber participado en una reunión panafricana organizada en 2012 por Koyo Kouoh, directora artística de Raw Material Company, un centro de arte contemporáneo en Dakar. Incluso entre los líderes y fundadores de nuevos espacios y centros de arte alternativo ahí reunidos, mi oferta de trabajar juntos en el “sur global” —es decir, solo en el hemisferio sur y, por lo tanto, más allá de las hegemonías del norte— fue recibida con un amistoso desinterés. Una vez más, somos testigos de las mismas fuerzas centrífugas que operan en Latinoamérica, haciendo que todos los recursos se escapen hacia Europa y Norteamérica ¡La colonización vuelve al ruedo!

Por lo general, en Latinoamérica había muy pocos centros para presentar y difundir el arte, y aquellos pocos espacios a menudo se encontraban en pobre estado y para nada avanzados. Además, dependían demasiado de las condiciones económicas y políticas existentes. Con respecto a la demanda, no había suficientes colecciones ni coleccionistas privados o institucionales, ya fuese en términos cuantitativos o cualitativos. Grosso modo, la escena del arte doméstico simplemente no parecía atraer a nadie, así que los artistas y los amantes del arte —en su mayoría miembros de la alta clase media— buscaban fortuna en otra parte. Esto fue sin duda atizado por el principio universalmente aplicable de que al profeta no se le honra en su propio país, mientras que todo lo que viene del exterior se valora con mayor razón.

 

Tamales aislados en mundos dispares

La absoluta falta de conocimiento mutuo y de intercambio cultural también significaba que el arte pocas veces trascendía las fronteras nacionales. La interacción que sí existía estaba marcada por estereotipos turísticos, folclóricos y exóticos. Para los brasileños de la clase media blanca en las regiones adineradas del país, la selva amazónica sigue siendo al menos tan extraña como para sus pares europeos, por lo que no se sienten alarmados ante su progresiva destrucción. Igual sucede con “el bávaro”, a quien se le identifica con el Oktoberfest, las salchichas Weißwurst y los lederhosen; “el argentino”, a quien se le empata con el carnívoro romanticismo gaucho; y “el peruano”, que sin falta evoca al flautista nativo, con Machu Picchu como telón de fondo.

Oktoberfest, München

Las animosidades ancestrales entre los países de América Latina también contribuyen a aumentar la enajenación mutua, como sucedió en la Guerra del Pacífico (1879-1884), librada entre Chile y Bolivia por el control de las minas de salitre, o en las incesantes fricciones subyacentes entre Chile y Argentina.

Me llama especialmente la atención aquello que me gusta llamar “el síndrome del tamal aislado”. Es probable que al viajero que visite Centroamérica se le diga, una y otra vez en cada país de su recorrido, no solo que la receta nacional produce unos tamales deliciosos, sino también que el tamal en sí es un plato nativo inventado en ese país en particular. La sutil insinuación de que los tamales en realidad se han encontrado más allá de las fronteras del propio país es recibida con una auténtica sorpresa que raya en la incredulidad. El asco, de Horacio Castellanos Moya, es una lectura ilustrativa y útil en este contexto, y un aporte significativo a una comprensión más profunda no solo de los países centroamericanos.

Para complicar más las cosas, viajar dentro de América Latina resultaba fatigoso y caro en extremo. Era incomprensible que los vuelos a Miami, Los Ángeles, Nueva York o a un destino europeo fuesen más baratos que a cualquiera de los países vecinos en América Latina. Hasta hace muy poco, costaba más volar de Bogotá a Panamá, por ejemplo, que de Bogotá directamente a los Estados Unidos o incluso a Europa.

La situación en el cambio de milenio se caracterizaba en esencia por el desapego mutuo, por la alienación política en el peor de los casos y, en el mejor, por la curiosidad plagada de clichés. Latinoamérica existía como un conglomerado de mundos dispares y culturas aisladas.

 

  1. Es muy cierto lo que dices Hans, Latinoamerica no quiere darse cuenta que unidos seriamos el Continente mas grande en el mundo, que manejamos un idioma ( Brasil seria el único de habla portuguesa pero que se ve obligado a hablar portuñol por estar rodeado de países que hablan español )y con una sola religion mayoritaria
    . Cuanto mas fácil seria que todos formáramos un bloque para conseguir un continente de habla hispana con una sola religion, esto nos haría sumamente poderosos. Pero como en mi obra sobre las religiones, aun teniendo el mismo diámetro cerebral con las mismas raices, solo creamos desacuerdos no solo politicos sino también culturales. “Nadie es profeta en su tierra” es una frase que yo he usado desde hace muchos años, pues la he experimentado cada momento en mi trabajo durante mas de 30 años.

  2. Sorpresivamente , dado que he pasado los cuatro últimos años en Peru y concretamente en Lima donde en Barranco inaugure una Galeria de Arte Contemporaneo ( 2013-2015 ) con la valentía e intención de crear un programa Internacional con artistas , la mayoria de ellos de un gran reconocimiento Mundial ( Warhol, Mapplethorpe,Balkenhol, Ruscha, Picasso, Polke, Jaque,entre otros,..) encontrando que el establishment Limeño no tenían ni idea de que se trataba, incluso ni por lo que llegaba del exterior se aceptaba como bueno, en mi caso fue la constante que determino mi existencia hasta los últimos días del cierre de la Galeria.Lo único que se reconocía fuera lo que fuese es el arte local, donde la inmensa mayoría de ellos están marcados por sus miradas y plagios a artistas occidentales de todas las épocas.

    Por otro lado mi asistencia a las ferias mas relevantes de la America Latina ( ArtBO, MACO, Chaco, Art Lima, Parc ) me dieron una informacion mas precisa, donde fui comprobando que en todos esos países existían las mismas constantes , la preponderancia del arte local , como insignia de presentación al Mundo, escapando de la realidad que hoy estamos inmersos , el mestizaje mas evidente , así como el dialogo entre los distintos países que conforman la Región.; contradicción , pues llevan a sus espaldas culturas milenarias de una riqueza incomparable que parece no querer entenderlas y ahí es donde deberían reconocerse y articular y permeabilizar sus creaciones.

    pepe cobo

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