¿Quién quiere ser “latinoamericano”? Un intento de acercarme a un término mal visto

La etiqueta “latinoamericano”, en el sentido de una supuesta entidad uniforme, es tan engañosa como describir a alguien o algo como “europeo”, “africano” o “asiático”. Y, sin embargo, se sigue usando todo el tiempo.

Un comodín detestado que se usa en el extranjero…

Es por ello que en la misma “Latinoamérica” el término no se usa tanto, y de ninguna manera apunta solo a connotaciones positivas. Ello se debe en cierta medida al Gran Hermano norteamericano, donde suele considerarse a los “latinos” como inferiores o de segunda clase. Además, a nadie le gusta que lo amontonen junto a “los otros latinoamericanos”. ¿Acaso no queremos todos vernos como seres especiales y no rebajarnos a la categoría de las estúpidas masas? Hasta aquí, todo bien. 

Sin embargo, el término es un hiperónimo para identificar la región del mundo que se extiende desde México hasta Tierra del Fuego. Según el significado que le da Wikipedia en alemán: 

Latinoamérica es un término político y cultural que sirve para distinguir entre los países de habla hispana y portuguesa de América y los países de habla inglesa de América (Angloamérica). Abarca México, Centroamérica (con la excepción de Belice), los territorios de habla hispana del Caribe y los países de Suramérica (sin incluir Guyana y Suriname). Los países de Latinoamérica juntos abarcan unos 20 millones de kilómetros cuadrados y una población total de unos 500 millones.

… y se acuñó en casa

En aras del buen orden y antes de seguir con mis reflexiones sobre “Latinoamérica” en la próxima entrega, veamos primero lo que el hombre que ideó el término tenía que decir sobre el tema en 1856: hace ya más de 150 años, aunque sigue muy vigente hoy en día, razón por la que voy a citarlo. El político chileno Francisco Bilbao Barquín (1823-1865) formuló las siguientes reflexiones en una conferencia que pronunció en París en junio de 1856 y que tituló Iniciativa de la América. Idea de un Congreso Federal de las Repúblicas:

La unidad que buscamos es la identidad del derecho y la asociación del derecho. No queremos ejecutivos­-monarquías, ni centralización despótica, ni conquista, ni pacificación teocrática. Mas la unidad que buscamos es la asociación de las personalidades libres, hombres y pueblos, para conseguir la fraternidad universal. 

Ya vemos caer fragmentos de América en las mandíbulas sajonas del boa magnetizador, que desenvuelve sus anillos tortuosos. Ayer Tejas, después el norte de México y el Pacífico saluda a un nuevo amo. Hoy las guerrillas avanzadas despiertan el Istmo, y vemos a Panamá vacilar suspendida, mecer su destino en el abismo y preguntar: “seré del sur, seré del norte?” He ahí un peligro. El que no lo vea, renuncie al porvenir. Habrá tan poca conciencia de nosotros mismos, tan poca fe de los destinos de la raza Latino-Americana, que esperemos a la voluntad ajena y a un genio diferente para que organice y disponga de nuestra suerte?

Hemos indicado la acefalía del mundo en nuestros días. La historia vegeta, repitiendo viejos ensayos, renovando momias, desenterrando cadáveres. Sólo vemos una ciencia política: el despotismo, el sable, el maquiavelismo, la conquista, el silencio. La ciencia europea nos revela los secretos y las fuerzas de la creación para mejor dominarla; pero, ¡fenómeno extraño!, en ninguna faz histórica la personalidad ha aparecido más pequeña en medio de tanto esplendor inteligente. Parece que la ciencia cooperase a precipitar en el torrente de la fatalidad a la noble causa de la libertad del hombre. La materia obedece, el tiempo y el espacio se conquistan, los goces y el bienestar se extienden, pero la espontaneidad se olvida, la originalidad desaparece, el espíritu de creación espanta. Parece que el Viejo-Mundo trabajase en cavar una fosa y elevar un mausoleo a la personalidad para presentarse sobre el desarrollo de los siglos como una especie nueva del reino animal. Las masas, los gobiernos, aparecen hoy día como acordes, y el sufragio universal de la vieja Europa consagra una alianza fementida en la abdicación de la soberanía del pueblo. Pero la América vive, la América latina, sajona e indígena protesta, y se encarga de representar la causa del hombre, de renovar la fe del corazón, de producir, en fin, no repeticiones más o menos teatrales de la edad-media, con la jerarquía civil de la nobleza, sino la acción perpetua del ciudadano, la creación de la justicia viva en los campos de la República.

Comprendamos que el momento iniciador del Nuevo-Mundo se presenta. Somos independientes por la razón y la fuerza. De nadie dependemos para ser grandes y felices. A nadie debemos esperar para emprender la marcha, cuando la conciencia, la naturaleza y el deber dicen al mundo Americano: Llegó la hora de tus grandes días.

Permitid que insista. Tenemos que desarrollar la independencia, que conservar las fronteras naturales y morales de nuestra patria, tenemos que perpetuar nuestra raza Americana y Latina, que desarrollar la República, desvanecer las pequeñas nacionales para elevar la gran nación Americana, la Confederación del Sur.

Y todo esto, fronteras, razas, República y nueva creación moral, todo peligra, si dormimos. Los Estados Des-Unidos de la América del Sur empieza a divisar el humo del campamento de los Estados Unidos. Ya empezamos a sentir los pasos del coloso que sin temer a nadie, cada año, con su diplomacia, con esa siembra de aventureros que dispersa; con su influencia y su poder crecientes que magnetiza a sus vecinos, con las complicaciones que hace nacer en nuestros pueblos; con tratados precursores, con mediaciones y protectorados; con su industria, su marina, sus empresas; acechando nuestras faltas y fatigas; aprovechándose de la división de las Repúblicas; cada año más impetuoso y más audaz, ese coloso juvenil que cree en su imperio, como Roma también creyó en el suyo, infatuado ya con la serie de sus felicidades, avanza como marea creciente que suspende sus aguas para descargarse en catarata sobre el Sur.

Volviendo sobre sí mismos contemplando tan grandes, han caído en la tentación de los Titanes, creyéndose ser los árbitros de la tierra y aun los contemptores del Olimpo. La personalidad infatuada desciende al individualismo, su exageración al egoísmo; y de aquí, a la injusticia y a la dureza de corazón no hay más que un paso. Pretenden en sí mismos concentrar el universo. El Yankee reemplaza al Americano, el patriotismo romano al de la filosofía, la industria a la caridad, la riqueza a la moral, y su propia nación a la justicia. No abolieron la esclavitud en sus estados, no conservaron las razas heroicas de sus indios, ni se han constituido en campeones de la causa universal, sino del interés Americano, del individualismo sajón. Se precipitan sobre el Sur, y esa nación que debía haber sido nuestra estrella, nuestro modelo, nuestra fuerza, se convierte cada día en una amenaza de la AUTONOMÍA de la América del Sur.

  1. Quiero dejar dos respuestas, una la que subí al blog sobre Uruguay en la que algo paso con el corrector y no se entiende la mitad de lo que escribí, y este comentario sobre el concepto de Latinoamerica que mencionas.

    Sobre Uruguay escribí:
    Hans, creo que al quebrar a destiempo la narración de tus memorias sobre Uruguay y Chile, enojaste a algunas personas. Cuando continues contando sobre las sorpresas que encontraste en esos países, esas voces pensaran que se adelantaron a tu enjuiciamiento. En la colección que hiciste para Casa Daros hay grandes artistas uruguayos y chilenos.

    Sobre quien acuño el termino Latinoamerica, estoy de acuerdo con Gladys, Un solo idioma y una religion serian los unificadores para crear “el” Pais-casi Continente mas grande del mundo, pero los seres humanos somos individuos, y como tales, somos muy difíciles para ponernos de acuerdo.

  2. Según el censo de 2017 se contabilizaron casi 59 millones de hispanohablantes en Estados Unidos (más que en España, y sólo por detrás de México). Esto convertiría a USA, poblacionalmente, en el segundo país “latinoamericano” (en realidad el tercero, detrás también de Brasil). La separación de “Latinoamérica” por un lado y “America” (término que, arbitrariamente, se adjudicaron para sí los Estados Unidos, para diferenciarse del resto y colocarse en ese plano superior y hegemónico) por otro, sería, bajo estos parámetros, ficticia: supondría desconocer una realidad probada por la frialdad de los datos, pero también por implicancias sociales y culturales inocultables. “América” (ahora con tilde) somos todos, con nuestras infinitas macro y micro diferencias, y con nuestros muchos aspectos en común, empezando por la unidad del idioma en la mayor parte de los países que componen el continente (esto nos diferencia de Europa), modos de vida, etc.
    Gracias Hans por poner en el tapete estos temas y recordarnos los escritos de Francisco Bilbao, que aún siguen vivos en algunos de sus postulados como materia de debate.

  3. Hola Hans. Muy interesante! En realidad, por lo que puedo ver, es un término que nace en situación de amenaza política y territorial por parte de la actitud invasora de Estados Unidos hacia México.

    Ya desde la época de Bolívar, con su famoso Congreso Anfictiónico, que fue 20 años anterior al ensayo de Bilbao Barquín, apuntaba a la unidad de los americanos de origen latino, incluyendo Brasil. Originalmente, Bolívar no invitó a Estados Unidos a formar parte del Congreso, pero otro miembro del equipo organizador, si lo hizo. De todos modos, EU no llegó a tiempo.

    Pero Bolívar se había inspirado en un concepto de Francisco Miranda, que era más cerrado aún. El concepto de un sub-continente llamado “Colombia”, formado sólo por los países hispano-hablantes.No incluía a Brasil.

    Creo que lo que se buscaba era la creación de una superpotencia que respondiera a la amenaza del Norte del Continente.

    Este es un fragmento de la Carta de Jamaica de 1815 escrita por Bolívar:
    “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo en una sola nación con un solo vinculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene su origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse”

    El tema del idioma, historia común y religión, serían los unificadores. Bilbao Barquín dio un nombre a esta idealizada superpotencia que nunca se materializó.

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