René Francisco Rodríguez (nace en 1960 en Holguín, Cuba, y vive y trabaja entre La Habana, Cuba, y Madrid, España)

René Francisco pertenece a la generación criada bajo el impacto del embargo estadounidense que le sirvió al régimen cubano para legitimar su política interna. La creación artística de esta generación se centra en sus propias condiciones de vida, en la cultura de la isla y su historia, y en la multitud de fantasías incontroladas e ilimitadas que responden a la eterna redundancia del cotidiano vivir en este archipiélago tropical. Allí, es práctica común inventarse todo tipo de utopías, ficciones insostenibles e ilusiones escapistas. Forma parte tanto de la vida oficial como de la vida privada.

Ilusión y realidad

Las creaciones de René Francisco fluctúan entre la ilusión y la realidad: nociones que a diario percibimos como antitéticas. Su arte se columpia, libre, entre la supuesta realidad y lo que llamamos ilusión, abriendo vastos espacios repletos de ficciones y proyecciones, y desafiando tanto la definición escrupulosa como la clasificación precisa. ¿Es el arte «verdadero» en algún sentido? ¿O es quizás más verdadero que aquello que percibimos como realidad? Son la clase de preguntas que explora René Francisco en su enfrentamiento crítico con las promesas e ideales utópicos de la política y la cultura «revolucionarias» de su país. Su gran sentido del humor y del juego –mezclado a veces con ironía y sarcasmo– le sirve para aproximarse a su propio entorno con obras seductoras que nos incitan a adquirir una mayor conciencia de las posibles divergencias entre realidad e ilusión.

Tubos y penes

Uno de los temas principales de René Francisco es el sujeto cívico: no tanto el individuo sino una amorfa masa humana, uniforme y ondulante, que se muestra como un sujeto compulsivo. Durante varias décadas, el espectador de sus obras ha detectado un importante componente iconográfico: el tubo de pasta dental, producto racionado en Cuba y al que el artista otorga forma humana, dotándolo de extremidades y genitales. No obstante, como le falta la cabeza, esta figura queda desprovista de su individualidad. Aludiendo al Kamasutra, René Francisco creó su «Tubo Sutra»: irónica adaptación del antiguo manual indio del amor. En clave jocosa, incluso incorporó a este término en su dirección de correo electrónico: tubosutra@yahoo.com

Gato, 2001, Tinta sobre lino, 118,5 x 209,0 cm, Fotografía: Mario Grisolli, Rio de Janeiro, Cortesía: Daros Latinamerica Collection, Zürich

Un maravilloso dibujo de 2001 retoma la iconografía del tubo. Gato alude al «gato del automóvil», que aquí sostiene un pene no del todo flácido. Un examen más detenido revela que, justo arriba de la raíz del pene, una ordenada sucesión de seres-tubo va descendiendo para aglomerarse en una manifestación. Más a la derecha, el mitin se convierte en un salvaje alboroto que, en un primer momento, parece una mera trifulca. Tras inspeccionar la escena más de cerca vemos que se trata de una orgía desmesurada donde todos copulan con todos. Ahí donde la cabeza del pene cuelga sin fuerzas, la feroz actividad se transmuta en una colectiva languidez poscoital. Si no fuera por el apoyo del «gato», el enjambre de seres caería, incontenible, al abismo. Aunque los seres-tubo enfrentan una realidad precaria, se mantienen juntos en una pila homogénea, apoyados desde abajo, pero también –de algún modo- por ellos mismos. La masa y el individuo en un régimen totalitario: el tema se recrea aquí con ironía y mucho humor negro.

Cuba y Estados Unidos

Fábrica de utopías 3, 2010, Óleo sobre lienzo, 250 x 180 cm, Fotografía: Peter Schälchli, Zürich, Cortesía: Daros Latinamerica Collection, Zürich

Fábrica de utopías 3 –una pintura de honda intensidad irónica y conceptual, llena de brío y deleite– es otra metáfora estupenda y oportuna. Las supuestas discrepancias entre los adversarios de antaño –Cuba y Estados Unidos– representados aquí por sus banderas de colores idénticos, se entretejen y confunden en un caos de rojo, azul y blanco, que pronto nos hace perder la noción de qué pertenece dónde. Los emblemas individuales de ambas naciones se van ahogando en aguas agitadas. No sabemos para quién trabajan las costureras, pero está claro que son muy diligentes en entrelazar más y más los dos sistemas y culturas, mientras parecen estar a punto de sumergirse en la oleada de banderas y colores. Por su cercanía geográfica, ambos países se han conectado culturalmente mucho más y durante mucho más tiempo de lo que se piensa. En la pintura de René Francisco, estos sistemas en apariencia divergentes se asemejan hasta el punto de volverse casi iguales. Un día, ambas utopías –«el sueño americano» y el «socialismo cubano»– quedarán tendidas en la cuneta de la historia. Después de todo, no podrán reproducirse con máquinas de coser, como en el lienzo de René Francisco.

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