Arte Latinoamericano

Jhafis Quintero (nace en 1973, en La Chorrera, Panamá, y vive y trabaja en Yverdon-les-Bains, Suiza)

«Hacer arte, para mí, es organizar mis pensamientos de forma estética, transmitir ideas, resignificar. Es el sustituto perfecto del crimen porque me permite estetizar la transgresión que forma parte de mi propia naturaleza». (Jhafis Quintero)

Delincuentes venerados y un sacerdote falso

«En nombre del ladre, el tiro y el espíritu landro. Amén»: este juego de palabras que trastoca la frase original, «En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo», es el comentario del propio Jhafis Quintero sobre su obra «Domus Sanctorum» (del latín Casa de los Santos), de 2017. En esta pieza reúne una pequeña colección de figuras de yeso, del tipo que se produce en las favelas venezolanas: a ciertos jóvenes delincuentes se les beatifica luego de ser asesinados, y sus estatuillas son veneradas como santos. Otros delincuentes les ofrecen licor, tabaco y marihuana como sacrificios para que les concedan su gracia en sus propios asaltos futuros.

«El santo del tren» (2009) es otro bello ejemplo de su actitud anticlerical y antiautoritaria: Quintero creó una estatua de hormigón encalado, de tamaño menor al tamaño natural de un hombre joven, y la instaló junto a las vías de la estación ferroviaria de San José, la capital de Costa Rica. Luego, el artista se disfrazó de sacerdote y, con aire de ocupado profesionalismo, se subió a los trenes para repartir folletos a los pasajeros, que contenían una oración y narraban la vida que Quintero había inventado para el joven santo, en quien la gente pronto empezó a creer, como evidenciaban los numerosos objetos devocionales que fueron apareciendo en torno a la estatua. Más adelante, la Iglesia local obligó a las autoridades a retirar la escultura del «santo» del espacio público.

El arte que nace de las memorias

La extrema proximidad de Jhafis Quintero con la delincuencia le valió diez años de prisión en Costa Rica, a una edad muy temprana. Huelga decir que esta etapa marcó su vida y, por extensión, su pensamiento creativo y sus acciones artísticas. Una juventud transcurrida entre rejas acabó por dar a luz no solo obras como «Máximas de seguridad» –una especie de manual de supervivencia carcelera– e «In dubia tempore» (2004), un maravilloso libro de artista repleto de ilustraciones de instrumentos hechos con material de chatarra para todo tipo de propósitos que sólo surgen en la cárcel y que en este libro se convierten en una apoteosis estética de la crueldad.

En «La casa de los geckos», memorias publicadas en 2017 por Letra Maya (Costa Rica), Quintero lidia a posteriori con sus vivencias y provee una lectura extraordinaria y gratificante. Más allá de la mera autoterapia, este libro es una pequeña obra maestra escrita íntegramente al estilo del «realismo mágico», donde lo más increíble siempre resulta ser cierto.

Hacia 2010, Jhafis Quintero descubrió el video como una forma de arte adecuada para sus propósitos y comenzó a integrarlo en su trabajo. Entretanto, ha ido produciendo un número considerable de concisos cortometrajes en video. Uno de sus últimos y más impresionantes trabajos muestra preocupación por su propio pasado y se titula «Me quiero, no me quiero» (2017): https://vimeo.com/227369518

El amor aún es posible

Poem no. 8, Inmates, video still

En los últimos años, su búsqueda del yo (artístico) se ha ido alejando del pasado –de las cuestiones de la libertad y la falta de ella, del tiempo y su significado– y se ha trasladado al presente, a las relaciones que conforman nuestras vidas humanas, y a las preguntas sobre quiénes somos y dónde nos encontramos en relación con nuestros semejantes. Junto con su compañera artística y de vida, Johanna Barilier, Jhafis Quintero ha creado toda una serie de obras en video y performances que exploran estas interrogantes. Reducidos a lo esencial, filmados con gran precisión y caracterizados por una rara estética digna de Federico Fellini o de Ulrike Ottinger, el dúo artístico creó sus «poemas», que «representan una suerte de respuesta rebelde ante la impostura social que nos obliga a vivir una vida de pareja correcta e higiénica» (J.Q. y J.B.). Ensoñadoramente risueños y serenos en «El amor todavía es posible» (2022), ambos se nos presentan en sus «bromas conceptuales», que vienen a ser pequeñas paráfrasis ingeniosas y divertidas sobre nuestras vidas: https://vimeo.com/685335569

jhafisquintero.com

jhafis-johanna.com 

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