Arte Latinoamericano

Miguel Ángel Rojas (nace en 1946 en Bogotá, Colombia, y vive y trabaja en Bogotá)

«El arte lo es todo; es la piel de la cultura. Cada acción humana, todos los marcadores de una época, incluidos los gustos y la violencia, son los motores del arte». (Miguel Ángel Rojas)

Muy personal y muy político

«No he querido construir una identidad artística personal a partir de modelos de estilo. Los medios para mí son herramientas, no fines». Esto se lee como la máxima de un artista conceptual empedernido que adapta su enfoque técnico y metodológico a las necesidades dictadas por el tema en cuestión. El arte de Miguel Ángel Rojas, sin embargo, rara vez se presenta como conceptual en el sentido clásico. De hecho, es todo lo contrario: está lleno de metáforas, imaginarios y poder narrativo; siempre filtrado a través de su horizonte de experiencia muy personal y, por lo tanto, subjetivo en extremo. Aún así, está por entero en consonancia con el pulso de la época, ya que Rojas entrelaza con acierto su arte con los problemas sociales de estos tiempos. Como por compulsión, dirige su mirada hacia los males sociales y expresa su j’accuse artístico de maneras elegantes, a veces elegíacas y melancólicas. No es en absoluto proclive a la aspereza.

Los contenidos y materiales de la obra de Rojas provienen de la vida —de su vida, para ser precisos— y de todas aquellas situaciones y circunstancias en las que se involucra intensamente. Entre ellas está su homosexualidad y también el cultivo, tráfico y consumo de coca; es decir, los problemas en torno a las drogas y a la guerra. En años recientes, viene dedicándose a la sobrexplotación del planeta y a los peligros que enfrenta nuestro ecosistema. Así, las amenazas personales y sociales se fusionan y entremezclan en la obra del artista.

Afrontar los tabúes

Miguel Ángel Rojas tampoco le teme a los tabúes. Esto ya se veía reflejado en sus primeras fotografías de la década de 1970, cuando usaba una cámara oculta para filmar escenas de encuentros homosexuales en los cines de Bogotá; no solo por los sujetos y los lugares de sus acciones —cines deteriorados y sus baños sórdidos: tópicos absolutamente prohibidos en las artes visuales en esos años—, sino también por la fotografía misma, que tardó mucho en considerarse un medio legítimo de expresión artística.

La gracia se opone a lo flagrante

“Caquetá”, 2007, video still, Fotografía: Zoë Tempest, Zürich, Cortesía: Daros Latinamerica Collection, Zürich

Encuentro que el profundo humanismo de Rojas se expresa mejor en los trabajos que lidian con las lesiones físicas causadas por la guerra civil en Colombia. En el video «Caquetá» (2007), por ejemplo, un joven soldado se lava la pintura de camuflaje de su rostro cándido, mientras poco a poco nos damos cuenta de que ha perdido ambas manos en la guerra. La serie de fotografías titulada «El David» (2004) retrata a otro joven soldado, que, como el David de Miguel Ángel, se muestra desnudo y en pose de contrapposto, salvo que una pierna está amputada por debajo de la rodilla. Rara vez la crueldad de la guerra se ha condensado de forma tan conmovedora, como en estas imágenes mudas, que nos muestran la naturaleza inocente y prístina de estos soldados, casi niños en su masculinidad grácil y virginal, frente al contraste de la muerte y la aniquilación.

“David no. 5”, 2005, Inkjet print on cotton paper, 199,5 x 100 cm, Cortesía: Daros Latinamerica Collection, Zürich

Belleza a pesar de todo

Las obras de Rojas se ven tan frescas porque no son ni predecibles ni calculables. Con él todo es posible algún día. Explora y descubre, dejándose sorprender por los resultados. En el negocio del arte actual, este es un enfoque que sin duda tiene riesgos que él acepta con placer, como siempre sucede con los verdaderos artistas. Miguel Ángel Rojas sigue traspasando fronteras para entrar en tierras inexploradas, montado en la cresta de los tiempos. Eso es lo que hace que su arte sea tan especial y lo que le otorga una juventud íntimamente unida a cierto desequilibrio.

Después de todo, la realidad, ya sea social o personal, no es ni simple ni directa. Cuando conocí a Miguel Ángel Rojas, en el año 2000, Colombia estaba en un estado mucho más salvaje de lo que está hoy. Las condiciones adversas en su país en ese momento le habían pasado una notable factura, pero a lo largo de su vida, en su andar por el lado salvaje, supo sacarle poesía e incluso belleza a la adversidad, sin esconder su lado oscuro: «Un artista no piensa en línea recta». (M. A. Rojas)

miguelangelrojas.com 

  1. Muy buena semblanza. Aunque el texto no esta dirigido al tema de la coca, con mucho cariño debo apuntar que se coló un lapsus, que es importante señalar: coca no es sinónimo de cocaína. Allí se separan a costa de sangre, exterminio y despojo, dos mundos.

  2. Miguel Angel Rojas .Mi tocayo , es un gran ejemplo a seguir , Su contribución al arte Social -Politico- poetico es única , por otro lado es en cierta manera una raya en el agua .Un artista que admiro mucho!!!

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